lunes, 17 de julio de 2017

2010-TROLL HUNTER – Andre Ovredal


El de “Found Footage” o “Metraje Encontrado” es un género cinematográfico que tuvo su gran momento gracias al éxito de “El Proyecto de la Bruja de Blair” (1999), renovando su aceptación casi una década después con otro bombazo de taquilla, “Paranormal Activity” (2007). Tanto en ese intervalo como después del mismo, muchísimos títulos han adoptado este formato de cámara en mano y supuesta filmación encontrada y revelada al conocimiento público.



Por ejemplo, películas de snuff movies y asesinos en serie como “The Great American Snuff Film” (2003), “Amateur Porn Star Killer” (2007) o “The Poughkeepsie Tapes” (2007); películas de monstruos como “Incident at Loch Ness” (2004), “Cloverfield” (2008) o “The Tunnel” (2011); las historias de fantasmas como “Lake Mungo” (2008), “8213:Gacy House” (2010), “Haunted Changi” (2010) o “Encuentros Paranormales” (2011); films de zombis, como “El Diario de los Muertos” (2007) o “[Rec]” (2007); películas de acosadores psicópatas como “Evil Things” (2009) y “388 Arletta Avenue” (2011); historias de ovnis en “La Cuarta Fase” (2009); posesiones y exorcismo en “El Último Exorcismo” (2010), “Anneliese: The Exorcist Tapes” (2011), “Ex Inferis” (2011) o “The Devil Inside” (2012); los alunizajes de la NASA y las posesiones alienígenas en “Apolo 18” (2011); poderes psíquicos en “Chronicle” (2012); vampiros en “Afflicted “ (2013) o “The Black Water Vampire” (2014); el mito de Frankenstein en “The Frankenstein Theory” (2013) o “Frankenstein´s Army” (2013); los embarazos satánicos en “Delivery” (2013) o “El Heredero del Diablo” (2014); las conspiraciones de ovnis en “Area 51” (2015); los viajes en el tiempo en “Project Almanac” (2015) o las aventuras en mundos perdidos de la serie televisiva “The River” (2012).

Muchos de estos títulos son muy mediocres y su visionado no aporta absolutamente nada, pero
dan una idea de que este formato ha sido casi exclusivamente utilizado en el género fantástico y de terror. Ello se explica por cuanto la cámara en mano aporta un grado de subjetividad visual que ayuda a que el espectador se involucre en la historia y experimente con mayor intensidad el clima de tensión y horror que suelen plantearse en estas películas. No obstante, esta modalidad también ha encontrado su sitio en otros géneros, desde la comedia televisiva “The Office” (2001-3) hasta la película bélica “Redacted” (2007) pasando por las citas por internet en “Catfish” (2010) o las locuras de Borat.

Y luego está la obra que ahora comento, un film de difícil clasificación pero que sabe utilizar este formato para desarrollar una idea tan intrigante como disparatada.

La película comienza informando al espectador de que en 2008 se encontraron dos discos duros
con una filmación que, una vez comprobada su autenticidad, ahora podemos ver. Se trata de un documental rodado por tres estudiantes de la universidad noruega de Volda, Thomas, Johanna y Kalle, que tratan de demostrar la caza furtiva de osos. Los cazadores con licencia de la región les ponen sobre la pista de Hans, a quien tienen por un furtivo. Se trata de un individuo taciturno que vive en una caravana en un camping y que se niega a hacer ningún comentario, por lo que los aspirantes a periodistas lo siguen en secreto durante sus actividades nocturnas. En una de esas incursiones, son atacados por una criatura y encuentran su coche completamente destrozado. Hans les recoge y les explica que su profesión es la de cazador de trolls. Naturalmente, al trío todo esto les parece absurdo y le piden a Hans que les deje acompañarle por las noches en sus cacerías, a lo que finalmente éste accede, llevándoles con él en su vehículo todo terreno acorazado.

Mientras le siguen a cierta distancia por los oscuros y solitarios bosques del interior noruego, se
topan, efectivamente, con un enorme troll que les persigue hasta que Hans consigue transformarlo en piedra con un foco de luz ultravioleta. El cazador les explica que trabaja para una agencia gubernamental secreta, el Servicio de Seguridad Troll, cuya misión es mantener a raya las incursiones de esas criaturas y ocultar y camuflar las evidencias dejadas por las mismas haciéndolas pasar por inusuales fenómenos meteorológicos, geológicos o ataques de osos. Es un trabajo muy peligroso, solitario y mal pagado y Hans, desilusionado y cansado, se presta a enseñar a los estudiantes muchas cosas sobre el comportamiento de los trolls, sus tipologías y hábitats, su dieta alimenticia –que incluye tanto rocas como animales y seres humanos- y la forma de acercarse a ellos y matarlos si fuera necesario. Hans cree que hay algo que está inquietando a los trolls y está decidido a averiguar de qué se trata. ¿Quizá una guerra entre trolls? ¿Una epidemia? ¿Cambios en el clima?

“Troll Hunter” es un film algo desconcertante por la idea que plantea y por la forma en que lo desarrolla: da toda la impresión de tomarse el asunto en serio y el propio formato cámara en mano apuntala esa sensación de realismo; lo cual contrasta con el asunto del que se trata: que
los trolls de la mitología escandinava existen y que el gobierno noruego trata de mantenerlo en secreto a cualquier precio. Podría pensarse que la película va a parecerse a “El Proyecto de la Bruja de Blair”, que sugería unas terroríficas apariciones pero que las mantenía siempre fuera de cámara. No es este el caso, porque antes de que se cumpla media hora de metraje ya se nos presenta un troll de veinte metros de altura que sale enloquecido de un bosque. En este sentido, la inspiración de “Troll Hunter” parece estar más próxima a “Cloverfield” y su integración de efectos visuales en una tosca filmación de vídeo.

El director Andre Ovredal hace un buen trabajo en lo que se refiere a las diferentes apariciones
de los trolls, especialmente y además de la escena descrita, aquella en la que uno de ellos aparece en un puente y parece liquidar a Hans; o, ya en el clímax, ese troll gigante de las montañas que ataca al jeep. Basados en la interpretación de varios artistas e ilustradores noruegos, los trolls que aquí se nos presentan tienen un aspecto más bien ridículo, casi como si fueran una figura de plastilina: narizotas bulbosas, enormes bocas de dientes partidos, vello crespo y expresión bobalicona. Pero un visionado más meticuloso revela la existencia de no poco talento y sofisticación a la hora de integrar esos efectos visuales en el metraje real.

Como he dicho más arriba, la película aborda la idea de que los trolls existen en nuestro mundo moderno con una total seriedad. Por una parte, el guión demuestra un sólido conocimiento de
la propia mitología, incluyendo referencias al folklore noruego, como las diferentes especies de trolls, su anatomía (desde la cola a las cabezas múltiples), la creencia en que pueden oler la sangre de los cristianos, su dieta a base de rocas y carne, su tamaño y estupidez, su hábitat de bosques, altas montañas y cuevas y sus dramáticas transformaciones en piedra cuando les alcanza la luz del sol…

Por otra parte y en la misma línea, se inventan todo tipo de pautas “científicas” acerca del comportamiento de los trolls y cómo interactuar con ellos, como cuando Hans pone trampas
con pedazos de cemento y carbón, lee los periódicos locales buscando pistas de incidentes extraños que apunten a actividad troll en la zona, el abandono por los bosques neumáticos viejos –que los trolls devoran como auténticas delicatesen-, la comprobación de la distribución de las rocas en un área determinada para ver si los trolls han alterado sus posiciones, la forma de camuflar el propio olor corporal… Hay incluso una notable escena en la que una veterinaria explica a los muchachos, con total seriedad, lógica y “base científica”, por qué los trolls se convierten en piedra al exponerse a la luz del sol.

El tono se aligera y entra en la comedia negra hacia el final –ATENCIÓN: SPOILER-, como cuando el cámara es asesinado por los trolls porque había ocultado su auténtica condición de
cristiano creyente y el equipo decide traer a una sustituta musulmana; o el divertido clímax, en el que Hans atrae al troll gigante emitiendo himnos religiosos desde su jeep –FIN SPOILER-. Por otra parte, ese difícil equilibrio entre comedia y terror cuenta con otro elemento que pasa desapercibido para el público no noruego, ya que cuatro de los personajes (incluido Hans) están interpretados por cómicos muy conocidos en su país. Incluso al final del film, en los créditos, hay una frase en la que se anuncia con total seriedad “Ningún Troll sufrió daño durante el rodaje de esta película”.

Como todo buen cuento de hadas –aunque sea uno tan posmoderno como este- hay una
segunda lectura más allá de la acción y la fantasía. En este caso, y a pesar de la comicidad de algunos pasajes, se lanza un mensaje muy triste como es el de la demolición secreta del mito y el sentido de la maravilla por parte de un gobierno burocratizado y controlador. Es una alegoría, no obstante, que no chirría demasiado ni interfiere con el simple entretenimiento y suspense de la historia y que incluso está abierta a más interpretaciones (¿podría tratarse quizá de la fagocitación de las criaturas del bosque por parte de la industria? ¿o nuestra propia fantasía, que destruimos cuando crecemos y dejamos de creer en sus criaturas?)

Para ser una película noruega de no mucho presupuesto y poco publicitada y distribuida, “Troll Hunter” fue un modesto éxito gracias al boca oído, hasta el punto de merecer un estreno en
Estados Unidos. De hecho, tan interesante debió parecer el proyecto que antes incluso del estreno original del film, Summit Entertainment compró los derechos para producir un remake para el público norteamericano. Nada mal, teniendo en cuenta que se trataba sólo de la segunda película del director Andre Ovredal, que previamente sólo había codirigido el thriller psicológico “Future Murder” y que posteriormente, en 2016, firmaría “La Autopsia de Jane Doe”. Además de narrar con acierto las apariciones de los trolls tal y como indicaba más arriba, hay que destacar que, a pesar de tratarse de un film cámara en mano, Ovredal sabe evitar los mareantes temblores y desconcertantes giros que lastran tantas películas de este tipo, permitiendo siempre en cambio una clara visualización de lo que ocurre.

No es que haya mucho que destacar en cuanto a los actores –de los cuales no menciono ni sus nombres puesto que nadie los va a reconocer-, pero todos ellos están correctos en sus papeles y aportan la necesaria verosimilitud a la historia. Además de ver caras nuevas, es de agradecer el cambio de escenario, puesto que todo está rodado en los espectaculares paisajes noruegos.

“Troll Hunter” es una curiosa y efectiva mezcla de película de monstruos, cuento de hadas, aventura terrorífica, conspiraciones gubernamentales, mitología nórdica y parodia. Film de obligado visionado para todos aquellos amantes de las películas de monstruos con más inteligencia en su planteamiento que excelencia visual.



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